Sotibah (los títulos se escriben al revés habitalmente)

En la vida todo son hábitos. Si bien es cierto que el hábito no hace al monje, yo, que habito en el mundo, tengo el buen hábito de pensar en estas cosas habitualmente. Odio ser redundante pero era necesariamente necesario.
Sirva este ejemplo: si te acostumbras a hacer mil trescientas cincuenta y dos flexiones todos los días recién levantado, eso se convertirá en algo de lo más normal; si fumas el mismo tabaco que número de flexiones, será tan normal. Pero te daré un consejo: no hagas ninguna de estas dos cosas. Todo es hábito y este se puede educar. Repetimos muchas acciones a lo largo del día sin apenas darnos cuenta. Pero se puede controlar con una buena educación personal, con fuerza de voluntad.
Mi problema, como el de tanta gente, es que no tengo ni fuerza ni voluntad. La fuerza me valdría para llegar a las mil trecientas cincuenta y dos flexiones y la voluntad para fumarme algún pitillo justo después de haberlas hecho. Pero nada.
El caso es que eres tú quien elige cómo quiere que sea su vida. Tú tienes la culpa de lo que haces habitualmente y solo tú eres capaz de cambiar esas cosas. En la vida no es solo el “dime con quién te vas”, primero tiene que ver “quién eres”, establecer tus límites y hábitos y después actuar.
Ca´ uno es ca´ uno.

Quisiera...

Quisiera conocer lo que es sabido,
saber que casi nada es conocido,
hablar de los misterios escondidos,
volver a recordar lo que es olvido.

Sentir que nada va como pensaba,
Salirme del guión establecido,
Volar en tierra y ver que desde el cielo
No hay más que polvo repartido.

Quisiera navegar por tus arterias,
pasar por cada parte de tu cuerpo,
beber de tu saliva, y en tu mente
hacer, con tu permiso, un campamento.

Hacer noche en túnel de tus piernas,
Contar cada manchita de tu piel.
Quiera que al quererte conocer
Me dieras como pago tu querer.